LA ILUSIÓN DE LAS CÁMARAS DE GAS DE AUSCHWITZ

Breve recapitulación de Nikolas Kolerstrom sobre la multitud de evidencias que hechan por tierra la versión oficial del Holocausto

Nicholas Kollerstrom, PhD

No he llegado a la conclusión de que el Holocausto es un fraude por lo que dicen los revisionistas, he llegado a esta conclusión por lo que los propios historiadores del Holocausto dicen.

 LA ILUSIÓN DE LAS CAMARAS DE GAS DE AUSCHWITZ

Por muy sorprendente que pueda parecer, el único programa intencionado de exterminio en campos de concentración durante la II Guerra Mundial fue dirigido contra los alemanes. A partir de abril de 1945 cinco millones de alemanes fueron hechos prisioneros tras rendirse y sometidos deliberadamente a padecer inanición hasta que más de un millón murió en campos de concentración americanos y franceses[1] —un hecho que fue inmediatamente borrado de los libros de historia. Por el contrario, nunca hubo en Alemania un plan nazi coordinado y centralizado de exterminio de judíos. Jamás funcionaron cámaras de gas letal en los campos de trabajo alemanes, es simplemente una invención. La tradicional historia del Holocausto se ha desarrollado a partir de rumores, malentendidos y propaganda de guerra. A partir de relatos anteriores a la II Guerra Mundial, pasando por los juicios de Núremberg (que han dado la sanción oficial a semejante idea) hasta llegar a juicios posteriores, libros y películas, hemos ido grabando tal idea en nuestro subconsciente colectivo. En la actualidad en la mayor parte de Europa es un delito de pensamiento creer lo que acabas de leer, castigado con pena de prisión, así que piénsatelo bien antes de continuar.

Los verdaderos expertos en este tema se encuentran en prisión, así que ¿es posible que en su  lugar aceptes mi visión? Europa necesita, más que ninguna otra cosa, una verdad y un foro de reconciliación para llegar al fondo de estos asuntos, y para tratar de exorcizar las diabólicas imágenes del odio. Más que nunca las naciones —Alemania, Austria, Polonia, Rumanía, Bélgica, Suiza, Candá, Australia y Nueva Zelanda— están aprobando leyes que prohíben a los ciudadanos expresar dudas. A nivel colectivo necesitamos erradicar nuestro desprecio, rabia e ideas de culpa, para buscar y acceder al registro histórico real.

CIANURO EN AUSCHWITZ

El Zyklon-B (un producto que libera lentamente gas cianuro[2]) fue usado en Auschwitz como insecticida. Fue vital para despiojar los colchones y mantener las condiciones higiénicas. El gas cianuro está contenido en gránulos de tipo arcilloso, diseñados para hacer el gas tan eficaz como fuera posible. Si hoy te acercas a Auschwitz no puedes ver ninguna auténtica cámara de gas. Lo único que encuentras son cabañas de piedra, y varios expertos han testificado que éstas no han podido ser utilizadas para gasear a personas, debido a las dificultades para sellarlas.

En 1988 el equipo científico de Fred Leuchter (verdugos americanos expertos en la tecnología de las cámaras de gas) visitaron Polonia, y concluyeron que las “cámaras de gas” de Auschwitz no podían haber funcionado de la manera aducida, es decir, no eran cámaras de gas[3]. En años posteriores, otros vendrían a confirmar lo acertado del influyente “Informe Leuchter”. El químico alemán Germar Rudolf, que trabajó en el instituto Max Plank para la Física del Estado Sólido, está ahora encarcelado porque también realizó mediciones de los altos niveles de cianuro que se encuentra en los muros de las cámaras de desinfección. Resulta que este gas se enlaza de manera permanente con el hierro, dándose la circunstancia de que el hierro se encuentra presente en el cemento y otros materiales de los muros. Sin embargo, no encontró ningún rastro en los muros de lo que supuestamente eran cámaras de gas, en realidad habitáculos para ducharse. Este científico, por tanto, confirmó el trabajo de Leutcher, quien igualmente solo encontró restos de gas insecticida cianuro en las cámaras de despiojamiento[4].

Después de que su informe fuera publicado en 1993, Rudolf perdió su trabajo y se le impidió completar su doctorado. Unos años después fue condenado y encarcelado. Actualmente se encuentra en una prisión de alta seguridad  cerca de Stuttgart, por el crimen de no haber encontrado cianuro en las “cámaras de gas”[5], corroborando las investigaciones de Leuchter sobre los residuos de cianuro[6]. Cuando un científico es encarcelado por haber reproducido los resultados obtenidos por otro en un lugar como Alemania, la nación donde se inventó el procedimiento químico, la farsa no puede continuar por mucho tiempo[7] (Las cámaras de gas fueron convenientemente ubicadas al este de Alemania tras el telón de acero para hacerlas inaccesibles a los occidentales, lo cual contribuyó al florecimiento del mito).

 Los resultados obtenidos por Leuchter eran casi demasiado buenos para ser verdad, mostrando una diferencia de tres órdenes de magnitud entre los niveles de cianuro encontrados en los muros de las cámaras de despiojamiento (alrededor de una parte por millar) y los encontrados en las cámaras de duchado (llamadas “cámaras de gas”), alrededor de una parte por millón. Estos resultados no se encuentran publicados en ninguna revista de química que utilice el sistema de revisión por pares, por obvias razones. La única manera de mantener un debate sobre esta cuestión parece ser en una sala judicial, mientras uno se encuentra procesado.

Es difícil alcanzar el estado de estabilidad necesario para realizar estas mediciones químicas. Sin embargo, diversas personas han replicado el resultado fundamental[8], e incluso personas sin ningún tipo de conocimientos en química puede apreciar el acusado color azul del exterior de las cámaras de desinfección (donde el cianuro ferroso se ha filtrado a través de los muros) y la completa ausencia del mismo alrededor de las llamadas “cámaras de gas”. Admitámoslo, el caso está corroborado: el venenoso cianuro fue utilizado donde los registros alemanes dicen que fue usado, para el despiojamiento de colchones, ropa, etc., mientras que no fue usado donde los Estados Unidos y el Reino Unido afirmaron haberlo sido durante los juicios de Núremberg.

 Treinta millones de turistas han pasado por “Krema 1” en Auschwitz, donde se encuentran las lamentables pilas de calzado, etc. de los muertos. Esto fue reconstruido tras la guerra en 1946[9], un hecho revelado en 1992 por el Dr. Franciszek Piper, principal conservacionista y director de los Archivos del Museo Estatal de Auschwitz. Los restos históricos del campo son cosas como las cabañas que contienen las unidades de duchado, una piscina y un depósito de cadáveres. Había también una orquesta y una colección de fotografías de las clases de arte del campo[10], aunque no pueden ser mostradas en Alemania o en Polonia, como consecuencia de las leyes que prohíben arrojar dudas sobre el Holocausto. La famosa Ana Frank del “Diario” viajó al campo en 1944 con su padre enfermo, quien fue llevado a un hospital donde se recuperó, lo que sugiere que fue cuidado decentemente[11].

Las “cámaras de gas” de Auschwitz tenían en sus techos dispersores de agua, lo que indica que fueron designadas como duchas. Generalmente carecen de puertas herméticamente selladas, a pesar de que resultaban fáciles de instalar, lo que habría resultado esencial. El informe Leuchter cita la ausencia de tales sellamientos como una de las razones por las que las denominadas “cámaras de gas” nunca habrían funcionado.

LA ARITMÉTICA DE LA ANIQUILACIÓN

El principal argumento aducido por el profesor Arthur Butz en su libro ya clásico El fraude del siglo XX es el demográfico: los judíos de Europa sobrevivieron a la guerra y por tanto no fueron exterminados. Generalmente se desplazaron hacia el este, y una vez que se construyó el telón de acero en 1948 resultó difícil hacer un recuento de los mismos. Unos dos millones emigraron de Europa a Palestina y América. Entre 3 y 4 millones de judíos vivían en los territorios controlados por Adolf Hitler[12], de los cuales como máximo un millón murió durante la II Guerra Mundial. La cifra de un millón de muertes, «aunque posible, me parece bastante elevada», concluyó Butz[13],[14]; una cifra a comparar con los diez millones de alemanes muertos durante y tras la guerra[15]. De las alrededor de 50 millones de muertes de la II Guerra Mundial, las muertes de judíos comprenden en torno al 2% del total, lo que es el promedio entre la población europea, es decir, no hubo un nivel de mortandad desmesurado entre los judíos durante la guerra. Casi medio millón de judíos residían en Alemania en 1930 (en torno al 1% de la población), y en 1939 muchos habían emigrado, permaneciendo en el país unos 270.000[16].

La figura de seis millones de muertes está recogido en la sección ‘Holocausto’ de la Wikipedia,  con tres millones de muertes en Polonia. Estas elevadas cifras de ‘exterminio’ se dan para países al este de Alemania. Europa del este era entonces el epicentro del mundo judío, y en los años próximos a la II Guerra Mundial, tuvo lugar una vasta diáspora de judíos, principalmente hacia la Unión Soviética, pero también hacia Palestina y América. En 1930 el 10 % de la población de Polonia estaba constituida por judíos, y el premier polaco declaró repetidamente que “en Polonia sobraban más de un millón de judíos”[17]; consecuentemente, las presiones de que fueron objeto para que emigraran no fueron debidas únicamente a las políticas alemanas. El régimen británico en Palestina se desintegró en 1938, lo que significa que sus estrictas cuotas de emigración dejaron entonces de aplicarse. Una cuidadosa estimación de la población judía de Europa del este asegura que había 2,6 millones al desencadenarse la guerra, menos que el total de muertes dado por Wikipedia. Ello sitúa la totalidad de muertes de judíos durante la II Guerra Mundial en 1,14 millones, de las cuales la mayoría se debieron más al ‘barbarismo soviético’ que a los campos de trabajo alemanes[18]. Esto resulta comparable con la figura dada anteriormente. En los campos de trabajo nazis murieron alrededor de cuatrocientos a quinientos mil judíos[19].

Alrededor de 500.000 prisioneros fueron registrados en los campos de trabajo de Auschwitz en Polonia, de los cuales 130.000 murieron[20]. Los cuerpos fueron eliminados mediante cremación individual, y los registros de consumo de combustible en el periodo que va de febrero de 1942 a octubre de 1943 para los hornos de cremación indican que alrededor de cinco mil cuerpos fueron incinerados allí. Esto coincide con el número de muertes registradas de varones, esto es, con aquellos que murieron por causas “naturales”[21], quienes tuvieron que ser quemados en vez de ser enterrados debido a las grandes epidemias de tifus. Esto demuestra que no hubo una incineración masiva de cuerpos. Josep Kramer, un supervisor en el campo de Auschwitz, hizo una declaración tras la guerra que el profesor Butz considera auténtica: entre 350 y 500 muertes semanales  tuvieron lugar en el periodo  entre mayo y noviembre de 1944, todas por causas naturales, una elevada cifra puesto que los prisioneros enfermos eran enviados allí, y los muertos eran todos quemados. Éste autor piensa que el campo albergó más de 100.000 prisioneros, la mayoría polacos y prusianos[22].

LA SOLUCIÓN FINAL, UN PROGRAMA EXPORTADO

La Solución Final de Adolf Hitler tuvo un único significado durante la II Guerra Mundial, algo central en el programa del nacional socialismo, que fue la deportación de judíos, generalmente hacia el este, hacia Polonia y Rusia[23]. Este programa no sufrió ningún cambio en ningún momento, como por ejemplo la conferencia de Wannsse[24], que pudiera implicar un exterminio deliberado. Si esta práctica se dio en algún momento, no fue una política central y directa y no implicó el uso de cámaras de gas: se han preservado toneladas de documentación referidas a las políticas del III Reich, y nadie ha sido capaz de encontrar en ellas un indicio de prácticas de genocidio intencionado. El registro histórico falla al intentar mostrar decisión alguna de exterminar judíos por parte de la Alemania Nazi.

La Gestapo y los Sionistas colaboraron en los años treinta porque tenían cada uno por su lado objetivos similares[25], [26]. Pero un boletín del Ministerio Alemán de Exteriores del 22 de junio de 1937 indica que: “En vista de la agitación internacional judía anti-alemana, Alemania no puede estar de acuerdo con que la formación de un estado judío en Palestina puede contribuir al desarrollo pacífico de las naciones del mundo”[27]. Organizaciones judías internacionales declararon en dos ocasiones la guerra a Alemania, en 1933 y 1939[28]. Después de que el programa Solución Final fuera boicoteado y frustrado por los aliados, los campos se convirtieron en lugares de trabajos forzados, y bajo el impacto de los bombardeos aliados, las epidemias y las enfermedades hicieron estragos.

¡NO HAY DOCUMENTOS!

En el juicio de Auschwitz tenido lugar en Frankfurt a mediados de los sesenta, la corte se vio obligada a concluir que carecía de “casi todos los medios de evidencia disponible en un juicio normal por asesinato”, incluyendo “los cuerpos de la víctima, informes forenses, informes de expertos sobre las causas de la muerte, evidencias de los criminales, armas, etc.”[29] Lejos de arrojar alguna duda, esto otorgó a las míticas cámaras de gas un estatus metafísico, sobre el que se prohibió dudar. “Ningún documento se ha preservado, quizá ninguno ha existido”, concluyó el historiador del Holocausto Léon Poliakov.[30]

En el caso de las prisas por imputar a los nazis un programa de exterminio de millones de personas que es inverosímil a tenor de las evidencias materiales, todas las reglas corrientes de la historiografía parece no solo que han sido suspendidas, sino que han sido violadas una y otra vez. Los historiadores citan continuamente documentos de trabajos secundarios como el de Raul Hilberg The Destruction of the European Jews (1961), o de colecciones impresas de documentos como el de Robert Wolfe Holocaust: The Documentary Evidence, pero nunca citan los documentos originales.[31]

Lo más cercano que tenemos a fuentes documentales originales relativas a lo que ocurrió en los campos, provienen de los tres voluminosos ejemplares de la obra International Red Cross Report, publicado en 1948.

Esta obra, y en especial el III volumen, describe las alrededor de dos mil visitas de inspección regulares y rutinarias que los médicos de los campos de trabajo judíos realizaron durante los años de la guerra. Sus informes no aportan ningún indicio sobre cámaras de gas ni cremaciones masivas. Mientras mantiene una posición política neutral[32], esta obra confirma que la mortalidad en los campos fue causada en gran medida por el terror de los bombardeos aliados[33]. Del mismo modo, los seis ejemplares del voluminoso informe sobre la guerra de Winston Churchil no hacen ninguna alusión a este tema, siendo especialmente mencionable el volumen VI, Triunfo y Tragedia, donde se puede esperar alguna alusión si su autor hubiera creído que tal cosa había sucedido[34].

El mando de la oficina de la administración de los campos de las SS mandó una directiva fechada el 28 de diciembre de 1942 a Auschwitz y al resto de campos de concentración. En ella critica duramente la alta mortandad de varones como consecuencia de las epidemias, y ordena que “los médicos del campo deben utilizar todos los medios a su disposición para reducir significativamente el índice de mortandad en varios campos”. Más aún, ordena que “Los doctores del campo deben supervisar más a menudo que en el pasado la nutrición de los prisioneros, y en cooperación con la administración, enviar recomendaciones a los comandantes de los campos… Los doctores del campo están para comprobar que las condiciones de trabajo en varios lugares son mejoradas en todo lo posible”. La directiva enfatiza que “el Reichsfuhrer SS [Heinrich Himmler] ha ordenado que el índice de muertes debe ser reducido absolutamente”[35]. Una carta posterior a todos los campos de concentración  fechada el 20 de junio de 1943 reafirma que “todos los medios deben ser usados para reducir el índice de mortandad”. En septiembre de 1943 Auschwitz poseía una mortandad que alcanzaba 80 muertes diarias, vistas como ‘catastróficas’ por la administración SS. Por tanto, de documentos auténticos relativos a la necesidad de reducir bajas en el campo de Auschwitz, el mundo ha pasado a una creencia en el genocidio, sin ningún solo auténtico documento que la apoye[36]. El campo de Auschwitz se levantó inicialmente en una zona donde confluyen varios ríos como una planta industrial utilizando los gigantescos campos de carbón de Polonia. Fue esencial para el esfuerzo de guerra, de modo que no hubiera tenido sentido exterminar a sus reclusos.

El juez de Hamburgo Wilhelm Staeglich fue trasladado durante la guerra cerca de Auschwitz y en varias ocasiones se dejó caer en los campos de la zona. Las condiciones parecían altamente favorables, remarcó, y ciertamente nada indicaba la existencia de un programa de exterminio. En particular, no apreciaba miedo o maltrato entre los reclusos. Publicó un testimonio a este efecto en 1973, y a cambio de sus impactantes noticias la inquisición alemana le obligó a abandonar su trabajo, le despojó de su título de doctor, y prohibió su libro. Entonces fue objeto de persecuciones políticas. Su libro, traducido al inglés, es un texto esencial[37].

Los mensajes que radiaban lo militares germanos fueron exitosamente descifrados en Bletchley Park usando el decodificador ‘enigma’. En relación a los campos de trabajo, entre la primavera de 1942 y febrero de 1943 se obtuvo la siguiente información: “En la decodificación de Auschwitz, el mayor de los campos con 20.000 prisioneros, se menciona la enfermedad como la mayor causa de muerte, pero se incluyen referencias a disparos y ahorcamientos. No hubo referencias en los desciframientos a gaseamientos”[38]. Esto resulta suficientemente claro, pero nadie lo tuvo en cuenta en Nurenberg.

¡NO HAY FOTOS!

No solo no hay rastros en la documentación del III Reich[39] sobre lo que se ha afirmado; además tampoco existen fotografías en las que se vea nada que se asemeje a procedimientos de gaseados colectivos. ¿Crees que judíos y judías desnudas fueron conducidos a cámaras de gas, y luego fueron amontonados? Si esto es así, ¿puedes creer que ni los meticulosos alemanes, ni los inteligentes judíos quisieron o fueron capaces de tomar una sola imagen de este horror? Entra en Google y busca, encontraras hileras de cuerpos consumidos, muertos de tifus. ¿Demuestra esto algo? Yo creo que  no.

 Fotografías aéreas estadounidenses tomadas en 1944 (hechas públicas en 1978), cuando el ‘programa’ supuestamente estaba en su apogeo no muestran ninguna cremación masiva de cuerpos ni hileras de cuerpos entrando en ‘cámaras de gas’. “Las escasas fotos aéreas de Auschwitz-Birkenau fechadas entre diciembre de 1943 y febrero de 1945 no muestran signos de depósitos de combustible, humo de chimeneas o fogatas al aire libre, fosas o piras ardiendo. Las fotos fueron alteradas: los grupos de varones y muros rodeando crematorios fueron retocados en los negativos de las fotos. A día de hoy no existe una evidencia mediante foto aérea que apoye el asesinato masivo de judíos en ningún lugar de la Europa ocupada por los alemanes durante la II Guerra Mundial. El que las fotos que poseían los aliados fueran manipuladas con el cometido de incriminar a los alemanes resulta de hecho muy significativo”[40].

LA FABRICACIÓN DE LA FALSEDAD

 Oigamos un par de testimonios relativos a las temidas cámaras de gas. Una mujer austriaca, Maria Van Herwaarden, que había sido internada en Auschwitz-Birkenau en 1942 por tener relaciones sexuales con un trabajador forzoso polaco, dio testimonio de sus experiencias en los campos frente al Tribunal del Distrito de Toronto en marzo de 1988. En el viaje en tren al campo, una mujer gitana dijo que todos iban a ser gaseados en Auschwitz. Tras la llegada, ordenaron a María y al resto de mujeres desnudarse y entrar en una amplia sala de cemento sin ventanas para recibir una ducha. Las aterrorizadas mujeres estaban seguras de que estaban a punto de morir. Pero en vez de gas, de las duchas salió agua. Auschwitz no era un centro vacacional, confirmó María, y presenció la muerte de muchos compañeros varones por enfermedad, concretamente por tifus, y unos pocos se suicidaron. Pero no vio ninguna evidencia de asesinatos masivos, gaseamientos o ningún programa de exterminio[41]. Una mujer judía llamada Marika Frank llegó a Auschwitz-Birkenau desde Hungría en julio de 1944, cuando 25.000 judíos eran supuestamente gaseados e incinerados diariamente. Ella igualmente testificó tras la guerra que no vio ni oyó nada de “cámaras de gas” durante el tiempo que estuvo internada allí. Ella únicamente oyó las historias sobre gaseamientos posteriormente[42].

Los bombardeos aliados de barrido destruyeron las líneas de aprovisionamiento para los campos. Desde el aire fueron arrojados panfletos donde se aludía que en Auschwitz se había realizado un programa de ‘solución final’/extermio utilizando gas[43]. Este fue el inicio de la historia, en tanto que los panfletos aliados fueron dados por ciertos. Apoyada por la visión de filas de famélicos judíos que habían muerto principalmente de tifus, no resultó muy difícil alcanzar su confirmación. “Lejos de ser algo comúnmente conocido en Alemania que la gente había sido gaseada, la mayoría de los alemanes se horrorizaron ante las acusaciones de las Naciones Unidas y protestaron porque nunca habían tenido noticia de tales acciones hasta después de que cesaran las hostilidades, cuando habían comenzado a escuchar las emisiones de las Naciones aliadas. Puesto que la BBC había estado emitiendo regularmente acusaciones de este tipo desde algunos meses anteriores al final de la guerra, los alemanes que habían sabido de los gaseamientos con anterioridad al final de la guerra lo más probable es que adquirieran tal conocimiento de la BBC[44]. La leyenda de la ‘cámaras de gas’ nació en diciembre de 1941, cuando el autor alemán Thomas Mann declaró a la BBC que en hospitales alemanes los heridos graves, los ancianos y los débiles fueron sacrificados con gas venenoso. Esta fue la “primera aparición propagandística de las cámaras de gas”[45].

En relación al modo en que las historias adquirieron continuidad, he aquí un comentario de Faurisson: “el Ministerio de Exteriores vio los nuevos rumores de la II Guerra Mundial únicamente como invenciones judías, y en círculos americanos muchos compartieron esa opinión”[46]. Edward Benes, presidente de Checoslovaquia, exiliado en Londres, anunció en noviembre de 1942, tras un pregunta de su personal, que los alemanes, contrariamente a lo que se le había informado, no estaban exterminando judíos. El judío americano, Felix Frankfurter, juez de la corte suprema, declaró a Jan Karske sobre el tema: “No puedo creerle”. En agosto de 1943, Cordel Hull, secretario de estado, advirtió al embajador estadounidense en Moscú mediante un telegrama que al elaborar un comunicado aliado relativo a “los crímenes alemanes en Polonia”, sería recomendable eliminar cualquier mención a las cámaras de gas, puesto que, como señalaron los británicos, no había suficientes evidencias en relación a este asunto[47].

LA FARSA DE NUREMBERG

La indagación moderna necesita empezar desde la fabricación de datos en Núremberg por los Estados Unidos y el Reino Unido, empleando el asesinato y la tortura sistemática de los testigos. Los juicios de Núremberg comenzaron en 1946 con la imagen de seis millones de muertes firmemente establecida[48]. Esto no surgió como una conclusión a partir de los juicios, sino que en su mayoría fue presentado a los torturados y/o golpeados[49] nazis como un hecho; ¿confesaron su participación en ello? Los principales acusados en Núremberg insistieron que con anterioridad al juicio no habían tenido conocimiento de ningún tipo de asesinato masivo, a excepción de Rudolf Höss, el excomandante del campo de Auschwitz, quien el 15 de marzo de 1946 firmó un documento aseverando que había inspeccionado la matanza de dos millones y medio de judíos, el cual fue leído el 15 de abril en Núremberg. Ese día significó el nacimiento del mito sobre el horror de Auschwitz. Dos semanas antes, Höss había señalado:

“Ciertamente, firmé la declaración de que había matado dos millones y medio de judíos. Podría haber dicho igualmente que fueron cinco millones. Hay ciertos métodos por los que cualquier confesión puede obtenerse, sea cierta o no”[50]

Décadas más tarde, fue publicado un informe sobre el  modo en que Höss había sido torturado durante tres días y noches sin dormir por un grupo de asalto del ejército británico con el objetivo de obtener dicha declaración[51]. En una carta a su esposa, Höss se disculpa por sus ‘confesiones’ y explica que se las habían sacado bajo tortura[52]. Los victoriosos aliados no habrían logrado que su ‘verdad’ saliera de Núremberg sin la ayuda de la tortura. En 2001, Patricia Meehan, analizó la red secreta de “Centros de Interrogación Directa” que los británicos habían establecido en la zona alemana que habían ocupado[53] — en realidad cámaras de tortura para preparar ‘evidencias’ de cara a los próximos juicios. La influencia Sionista se hizo notar en los juicios de Núremberg[54], especialmente en relación a la figura de los seis millones[55].

A modo de memoriales del ‘holocausto’ se han imprimido muchos libros voluminosos, pero oigamos una visión escéptica algo más modesta:

“todavía en el caso del Holocausto, la ausencia de evidencia material para la existencia de un programa de exterminio a gran escala no se percibe como significativo. Se asume que los nazis destruyeron su vasta maquinaria de muerte tan meticulosamente como para borrar toda posibilidad de que fuera detectada tras la guerra. No es posible expresar dudas en relación a si los nazis pudieron realmente hacer desaparecer toda evidencia material de manera tan absoluta, incluyendo las cenizas de seis millones de personas, desvanecidas de los lugares en los que debieron ser enterradas. Plantear semejantes dudas es involucrarse en un crimen de pensamiento”.

La realidad, pues, es que la carga de ‘evidencias’ del Holocausto proviene de un cuerpo de documentos que fueron expresamente fabricados por el OSS y el OCC entre 1945 y 1946 con el cometido de incriminar a los líderes del ex-gobierno alemán de Núremberg. El procedimiento siguió a groso modo estas líneas: la División de Documentación en Paris creó ‘copias’ (solo en inglés), certificándolas como auténticas, y las enviaron a la acusación de Núremberg, mientras que los documentos originales (si es que existieron alguna vez) nunca fueron vistos de nuevo. Las traducciones alemanas de los textos ingleses originales fueron entonces preparados y enviados a la defensa en Núremberg, a donde llegaron lo más tarde posible de modo que la defensa no tuvo tiempo suficiente para preocuparse de semejantes asuntos así como de su autenticidad.

Comenzando en mayo de 1945 con el supuesto suicidio del general de las SS Hans-Adolf Prützmann, el líder de las SS Heinrich Himmler y el general de las SS Odilo Globocnik durante su cautividad en manos británicas, siguieron una cadena de extraños asesinatos de individuos asociados al campo de concentración de Auschwitz (perpetrados por un escuadrón de choque judío conocido como DIN). Como señala Joseph Bellinger, autor de un nuevo libro sobre el asesinato de Himmler, “a los seis meses del final de la guerra prácticamente cada uno que podía haber arrojado luz en relación a los programas del III Reich para con los judíos había sido asesinado”. Esto, hay que hacerlo notar, fue extremadamente conveniente para el juicio de Núremberg[56].

En Núremberg, los generales de guerra alemanes habían sido torturados y sus mujeres arrestadas para disuadirles de hacer apreciaciones inconvenientes en el juicio. Fueron mantenidos en confinamiento aislado para evitar que intercambiaran información, mientras cada uno de ellos fue situado ante la Gran Mentira y conminado a creer en ella. Finalmente, la mayoría de ellos fueron ahorcados, por un Tribunal que se sintió libre para inventar nuevas leyes y actuar como acusación, juez, abogado y ejecutor: ¡justicia americana!

LA LLEGADA DE LOS QUE BUSCAN LA VERDAD

En los años posteriores a la guerra, cada individuo que decía haber tenido una experiencia personal con las cámaras de gas alemanas podía encontrarse con Paul Rassinier en la puerta de su casa. Este hombre, habiendo experimentado el infierno de Buchenwald, se encontraba muy lejos de ser un seguidor de los nazis; pero tampoco estaba dispuesto a aguantar historias inventadas sobre el tema. Pasó años viajando por Europa con su grabadora y una serie de preguntas, pero siempre encontró que los testigos respondían con “evasivas o mentiras palpables”. El informe que publicó concluye:

“En relación a las cámaras de gas, la casi incesante procesión de falsos testigos y de documentos falsificados sobre los que he atraído la atención del lector durante este largo estudio, prueba, en cualquier caso, una cosa: nunca en ningún momento pretendieron las autoridades responsables del III Reich ni de hecho ordenaron la exterminación de los judíos de esta o ninguna otra manera”[57]

La evidente conclusión (por la que naturalmente fue encarcelado) sentó las bases del movimiento ‘revisionista’. Hay que señalar aquí que el dinero que el FRG desembolsa a los ‘supervivientes del Holocausto’ provoca un enorme daño, al simular ‘memorias’ y generar casos dados por ciertos.

Robert Faurisson investigó la configuración de las supuestas ‘cámaras de gas’ de Auschwitz. Tras ello, Ernst Zündel[58] comenzó a oír hablar del asunto. En el histórico juicio en Toronto en 1985, los testigos fueron interrogados por primera vez en la historia sobre la existencia de las supuestas ‘cámaras de gas’, y resultó que ningún testimonio se sostenía. Faurisson fue asesor de Zündel en este juicio, uno consecuente, y esta pareja mantuvo argumentos convincentes. La acusación no aportó testimonios creíbles sobre la existencia de las cámaras de gas:

“… en 1988, durante el segundo juicio contra Ernst Zündel, la acusación pública consideró prudente abandonar cualquier recurso a testimonios. La justicia canadiense había entendido al parecer la lección del primer juicio: no había testimonios creíbles sobre la existencia y puesta en marcha de la ‘cámaras de gas nazis’. Poco a poco, el resto de los países del mundo había aprendido la misma lección. En el juicio de  Klaus Barbie en Francia, en 1987, se habló de las cámaras de gas de Auschwitz, pero nadie aportó un testigo que pudiera hablar adecuadamente sobre ellas. Durante todo este tiempo en Francia, en el transcurso de varios juicios revisionistas, testigos judíos aparecieron para evocar las cámaras de gas pero ninguno de ellos testificó ante la corte que había visto o participado en un gaseo homicida amontonando cuerpos fuera de las ‘cámaras de gas’.

Hoy en día, los testigos de las cámaras de gas son extremadamente escasos y el juicio Demjanjuk en Israel, que una vez más ha revelado cuantos testimonios falsos se relacionan con el caso, ha contribuido a la reducción de ese número. Hace varios años, ocurrió que fui agresivamente cuestionado en la cola de una corte legal por ancianos judíos que se presentaron a sí mismos como ‘testigos vivientes de las cámaras de gas de Auschwitz’, mostrándome sus tatuajes. Para mí solo fue necesario pedirles que me miraran a los ojos y describieran las cámaras de gas cuya existencia indefectiblemente afirmaban: ‘¿Cómo podría yo hacer esto? Si hubiera visto una cámara de gas con mis propios ojos no estaría aquí hoy para hablar con usted; yo hubiera sido gaseado también’”[59] (Faurisson)

 El estudio de la historia no puede existir sin visiones que disienten, y ¿quién quisiera leer una revista de historia que no lo permitiera? Uno no logra entender por qué el ‘revisionismo’ puede ser reprensible, y los judíos especialmente deberían aliviarse al descubrir que sus ancestros nunca estuvieron sujetos a semejante horror. El autor de éxito David Irving, quien ha escrito una docena de libros sobre la II Guerra Mundial, ha sido recientemente encarcelado[60]. Su definitivo libro de 700 páginas y éxito de ventas La Guerra de Hitler no aporta ningún indicio de que el Führer hubiera oído hablar de ninguna cámara de gas, ¡o diera ninguna orden de exterminio! Irving es conocido por el cuidado con que revisa sus  fuentes primarias. En 1991 su editor, McMillan, destruyó todas las copias de su libro. Irving pagó un alto precio por la verdad que descubrió.

 En noviembre de 1991 Fred Leuchter estaba a punto de hablar en el ayuntamiento de Chelsea, invitado por David Irving, cuando a petición de la Junta de Diputados de judíos británicos fue arrestado sobre el escenario por la policía y deportado de vuelta a los Estados Unidos. Demasiado para la libertad de expresión. Cuando su pionero Informe Leuchter fue publicado por primera vez en 1989, la Cámara de los Comunes lo denunció el 20 de julio como ‘propaganda nazi’ y una ‘publicación fascista’ con el voto favorable de 100 miembros del Parlamento. Pero incluso la Cámara de los comunes es incapaz de alterar las leyes de la química: la durabilidad del ferro cianuro es central para el debate sobre el Holocausto.

Probablemente no conseguiremos avances importantes en el conocimiento de la cuestión a menos que la pena sobre el ‘delito de pensamiento’ sea levantada sobre los alemanes, y les sea permitido revisar su pasado. El definitivo libro sobre la materia, Diseccionando el Holocausto, contiene más de seiscientas páginas distribuidas en capítulos escritos por veinte autores diferentes[61]. En 1995 el Gobierno alemán exigió que todas las copias fueran requisadas y quemadas[62]. Editado por Germar Rudolf, tiene su inspiración en la tarea pionera de Ernst Zündel, quien, mientras que se encontraba en Tennessee publicando material ‘revisionista’ fue capturado por la policía y confinado en solitario en una celda canadiense[63]. Tras dos años fue trasladado a Alemania, donde en la actualidad está siendo juzgado. Recientemente, en octubre de 2006, leyó al tribunal una carta abierta del presidente iraní al canciller alemán, lo que provocó la ira del juez. La carta dice, en efecto, que Alemania ha estado arrodillada ante Sión durante cincuenta años y es hora de levantarse[64].

Estas son las conclusiones señaladas por el profesor Robert Faurisson de la Universidad de Lyon[65]:

—  Nunca ha habido ni una proyecto, ni un plan, ni una asignación económica para el supuesto genocidio de los judíos. ‘Wannsee’ fue como  mucho una historia absurda.

  • No ha existido un informe de especialistas sobre el arma del crimen en el que se concluya que algún edificio (bien sea intacto, “reconstruido”, o en ruinas) sirviera como una cámara de gas homicida.
  • No hay autopsia que nos permita concluir: ‘este es el cuerpo de un deportado asesinado por gas venenoso’[66].
  • La confesión de Rudolf Höss no fue de ningún valor (“Höss fue siempre un testigo muy débil y confuso”).
  • Los supuestos testigos probablemente nunca vieron una cámara de gas o gaseamientos. El principal de ellos, Rudolf Vrba, tuvo que admitir ante un juez y un jurado canadienses en 1985 que en su famoso libro sobre el tema había hecho uso de “licencia poética”.
  • Que el ‘jabón judío’ no había existido nunca.
  • Que la cifra de cuatro millones de víctimas en Auschwitz es únicamente una ficción.
  • Que de 1942 a 1945, desde luego en Auschwitz, pero probablemente en todas partes, más judíos murieron por denominadas causas ‘naturales’ (desnutrición, epidemias, enfermedades y sobretrabajo) que por causas ‘no naturales’.

En la reciente conferencia de Teheran, Faurisson resumió sucintamente su caso:

  • No se puede apelar a un solo documento que pruebe tal crimen
  • No se puede proporcionar la mínima representación del arma del crimen,
  • No hay ninguna prueba ni ninguna evidencia
  • No es posible nombrar un solo testigo creíble[67]

PERDONANDO LA DUDA Y EL HORROR FICTICIO

Hoy en día a nadie le preocupa que se dude de todo o que los textos sagrados sean objeto de burlas, excepto que se dude de lo que  ha sido prohibido, lo que puede llevarte a la cárcel en diez diferentes países. Puedes leer el espeluznante suceso Hammer, por ejemplo en la obra Auschwitz de Lawrence Rees (2005): “aproximadamente cada hora judíos desnudos marchaban de alguna manera al interior de una sala con capacidad para un centenar o dos, las puertas se cerraban y entonces el Zyklon-B era vertido a través de conductos o agujeros especiales en el techo [los cuales no existían durante la guerra y fueron añadidos posteriormente]. Entonces, después de que cesaran los gritos ‘potentes ventiladores’ retiraban el gas venenoso”. En sus sueños, Sr. Rees. No había tales potentes ventiladores. Pero entonces, ¿qué es lo que había? Los montones de cuerpos que hemos visto en grabaciones serían atribuidos al Zyklon-B, que estaría específicamente diseñado para emitir gas cianuro lentamente. ¿Cómo se supone que alguien haya podido recoger la contorsionada masa de cadáveres mezclada con polvo venenoso? Recordad que en las supuestas cámaras de gas solo hay puertas corrientes, la mayoría de las cuales se abren hacia dentro. Es una pesadilla inimaginable que no podía haber funcionado, y que hubiera contaminado a los trabajadores que intentaran operar allí. La eficacia probada de este material insecticida se contradice con el modo en que funcionaba en estos delirios imaginados.

Tras la guerra  no hubo gobierno alemán. Esta fue la ‘rendición incondicional’ exigida por los aliados. Al perder su personal militar de más edad y su gobierno, Alemania fue de hecho decapitada, algo necesario para crear una versión imaginada sobre unos hechos realizados. Los veredictos de Núremberg fueron vinculantes y determinantes para la Alemania Federal de la posguerra. Desde entonces Alemania ha pagado 100 billones de marcos alemanes a Israel en compensación por el Holocausto, los cuales claramente deben ser devueltos. Alemania debería seguir el consejo del líder iraní Ahmadinajad y dejar de pagar, porque estos pagos proporcionan indebidamente un apoyo a las ‘memorias’ del Holocausto. Alemania está colaborando a mantener la leyenda del Holocausto[68] al ayudar al estado de Israel[69].

Las Naciones Unidas han establecido el día del Recuerdo del Holocausto el 27 de enero. En el aniversario del 2006 tenemos que meditar sobre la falsificación de la historia y la Mayor Mentira Jamás Contada. Así como Perseo miró a la Medusa sólo a través de un espejo, para evitar ser petrificado, necesitamos reflexionar calmadamente y el poder de la verdad para evitar nuestra destrucción colectiva.

 

 

 

SOBRE EL AUTOR

Nicholas Kollerstrom, doctor por las universidades de Cambridge y Londres. Durante once años formó parte del personal del Departamento de Ciencia y Tecnología del Colegio Universitario de Londres.

Distinguido historiador de la ciencia, ha contribuido con tres entradas, incluida la relativa a Sir Isaac Newton, a la obra de carácter biográfico Enciclopedia de los Astrónomos (segunda edición, 2014). Recientemente ha participado en la conferencia “Libertad académica: ¿hay límites a la indagación?”, en la Universidad de Illinois, Campaign-Urbana.

Académico con conciencia social, Nicholas tomó parte en la organización en 1986 del Belgrado Inquiry, publicando sus actas, The Unnecessary War (1988), y co-editando The Case Against War (Spokesman, 2004). Es autor de Terror on the Tube, sobre los atentados de Londres del 7 de julio, y en 2012 tomó parte en las Sesiones en Vancouver sobre el 11 de septiembre. Es autor, co-autor y editor. Entre sus obras se encuentran también: Lead on the Brain (1982), Astrochemistry (1984), The Eureka Effect (1994), Newton’s Forgotten Lunar Theory (2000), Galileo’s Astrology (2004), Venus, the Path of Beauty (2009).

 

 

 

 

 

NOTAS

 

[1] “Comenzando en abril de 1945, los ejércitos estadounidense y francés aniquilaron de manera desorganizada alrededor de un millón de personas, la mayoría de ellas en campos Americanos”, una parte del plan de los EEUU, el Reino Unido y Rusia para “destruir Alemania como un poder mundial de una vez y para siempre”. James Bacque: Other Losses. London, 1989, p. xix.

[2] www.thetruthseeker.co.uk/article.asp?ID=55888

[3] Fred Leuchter: Auschwitz: the First Forensic Examination of Auschwitz. London, 1989; 1988, Toronto.

www.zundelsite.org/english/basic_articles/inside.html

Para su debate, consultar: www.codoh.com/gcgv/gc426v12.html

[4] http://vho.org/GB/Books/trr//

[5] www.takeourworldback.com/short/rudolfarrested.htm

[6] http://vho.org/GB/Books/trr/>http://vho.org/GB/Books/trr/

www.dailynorthwestern.com/vnews/display.v/ART/2006/02/14/43f1778c0f7e0

[7] www.vho.org/GB/Books/dth/fndgcger.html

[8] www.zundelsite.org/english/debate/014_jam.html

En 1990 el Instituto Forense de Cracovia obtuvo valores algo más bajos: sus muestras de las ‘cámaras de gas’ de Auschwitz dieron un total de 0.6 partes por millón en cianuro, esto es, a duras penas un rastro: www.nizkor.org/hweb/orgs/polish/institute-for-forensic-research/table- three.html

[9] www.rense.com/general53/aauz.htm, www.ihr.org/jhr/v15/v15n1p23_Weber.html

[10] http://judicial-inc.biz/Auschwitz.htm

[11] Dittlieb Felderer: Anne Frank's diary a Hoax, IHR, CA, 1979, p. 1.

http://www.radioislam.org/annefrank/>www.radioislam.org/annefrank/.

[12]  Richard Harwood: Did Six Million Really die? Historical Review Press, 1975, pp. 6, 28 (monografía de 30 páginas).

  1. Staeglich: Auschwitz, a Judge Looks at the Evidence. IHR, 1986, p.29. “Una fuente oficial alemana de junio de 1940 señala la figura de 3,15 millones de judíos en todos los territorios bajo control alemán en aquel momento (se excluye Rusia)”.

[13] A.R.Butz: The Hoax of the 200th Century. Historical Review Press, 1977, Brighton, 2003, p. 239.

[14] Ibid, p. 240.

[15] Paul Rassinier: Debunking the Genocide Myth

[16] Walter Sanning: The Dissolution of European Jewry. IHR 1983, p. 27.

[17] J&D. Kimche: The Secret Roads, the "Illegal Migration of a People. 1954, p. 215.

[18] Ref. 16, pp.32, 198.

[19] Germar Rudolf (ed.): Dissecting the Holocaust: The Growing Critique of "Truth" and "Memory". 2003, p. 216

www.vho.org/GB/Books/dth/found.html, Ch. "Holocaust victims - A Statistical analysis."

[20] Dissecting (www.vho.org/GB/Books/dth/fndGraf.html) section 4.1

[21] Dissecting (nota 19), p. 406.

[22] Había una red de campos de trabajo alrededor de Auschwitz y esta figura podría representar su población total. Las acusaciones de las cámaras de gas se centraron en Birkenau (Auschwitz II). La inteligencia británica estimó que 20.000 reclusos (nota 27) debían pertenecer a un solo campo. La afirmación de Kramer se refería a las historias sobre gaseamientos: “Todo lo que puedo decir es que son falsas de principio a fin” (nota 12), p. 265.

[23] En el vocablo alemán “endlosung”, “end” significa “cometido” u “objetivo”, al menos tanto como “final”

[24] Las actas de la Conferencia de Wannsee (Berlín, 20 de junio de 1942) proporcionan “evidencia documental sin ambigüedades de que no existió un programa de exterminio”. Butz, p.212. Para su texto, véase Staeglich (nota 12), Appendix I.

[25] Butz p.233.

[26] El 17 de junio de 1942 Hitler remarcó: “Se puede fundar un estado de Israel en Madagascar”. Did Six Million Really die? (Nota 12) p.5., lo que sugiere que la ‘solución final’ del nacional-socialismo era entonces contemplada como posible. Muchos sionistas para quienes Palestina parecía irrealizable miraban a Madagascar.

[27] Citado por Zundel, www.zundelsite.org/english/debate/022_jam.html

[28] 24 March 1933: www.sweetliberty.org/issues/israel/freedman.htm

http://k0nsl.com/k0nsl/detox/Judea1.html. Titular del Daily Expres: “Judea declara la guerra a Alemania”

El 5 de septiembre de 1939 (8 de septiembre, Jewish Chronicle) "Los israelitas de todo el mundo declaran la guerra económica y financiera contra la Alemania y la guerra santa contra los seguidores de Hitler" declaración de Chain Weizmann, dirigente sionista: Did Six Million Really die? (nota 12) p.4.

  1. McLaughlin: For Those Who Cannot Speak, Historical Review Press, 1979 p.17. Staeglich, p.57.

[29] Dissecting (nota 19), p.38. n. 119.</p&g

[30] Léon Poliakov: Harvest of Hate. 1979.&l

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